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Asertivia 4/3/2026
International

Los faros antiguos, guías de piedra y fuego para la navegación

Redacción·4/3/2026

Torres luminosas que señalaron puertos seguros y evitaron naufragios desde la Antigüedad

El ejemplo más célebre fue el Faro de Alejandría, en Egipto, construido en el siglo III a. C. en la isla de Faros durante el reinado de Ptolomeo II. Con más de cien metros de altura, se consideró una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.

Su estructura escalonada albergaba en la parte superior un gran fuego alimentado con combustible, cuyo resplandor se reflejaba mediante superficies pulidas visibles a gran distancia. Durante el día, una columna de humo cumplía la misma función orientadora.

Los romanos adoptaron esta tecnología y la extendieron por su vasto imperio marítimo. Levantaron faros en puntos clave del Mediterráneo y del Atlántico, muchos asociados a puertos comerciales y bases navales esenciales para el abastecimiento.

Uno de los mejor conservados es la Torre de Hércules, en la actual ciudad de A Coruña, en la provincia de A Coruña, España. Construido en época romana y todavía operativo tras sucesivas reformas, constituye el faro en funcionamiento más antiguo del mundo.

Estos edificios no solo emitían luz, sino que también servían como referencia topográfica durante el día. Su silueta permitía identificar la proximidad de la costa y reconocer el puerto correcto en regiones donde las corrientes y los bancos de niebla complicaban la navegación.

La construcción exigía materiales resistentes a la erosión marina, como piedra maciza y morteros duraderos. Su ubicación debía equilibrar visibilidad y estabilidad, evitando zonas demasiado expuestas al oleaje sin perder eficacia como señal marítima.

Los faros formaban parte de redes portuarias que sostenían el comercio y la comunicación entre territorios distantes. Gracias a ellos, mercancías, viajeros y noticias podían circular con mayor regularidad incluso en condiciones nocturnas.

Durante la Edad Media, muchos quedaron abandonados o se adaptaron con técnicas más simples, pero el concepto perduró. Con el tiempo, nuevas tecnologías como lentes y combustibles más eficaces mejoraron su alcance luminoso.

Más allá de su utilidad práctica, estas torres adquirieron un fuerte simbolismo cultural, asociadas a la esperanza, la vigilancia y la conexión entre tierra firme y mar abierto. Su presencia dominando el horizonte costero transmitía seguridad a quienes se aproximaban desde la distancia.

Los faros antiguos representan la voluntad humana de orientarse en entornos inciertos y de proteger las rutas que sustentaban economías y civilizaciones enteras. Allí donde su luz brillaba, se abría la posibilidad de regresar a puerto con vida.

ASERTIVIA

Una luz en la distancia capaz de separar la salvación del desastre en mar abierto.